La Via Francigena

¿Quieres vivir una experiencia única? ¿Conocer a viajeros de todo el mundo? ¿Descubrir el recorrido histórico que desde hace siglos lleva a los peregrinos a la Ciudad Eterna? Pasando por las ciudades y los pueblos más hermosos de la Toscana, podrás conocer la cultura, las tradiciones y la eno-gastronomía italiana que han hecho famosa esta tierra en todo el mundo.

Elige entre nuestras 2 rutas diferentes de la Vía Francigena y prepárate para el viaje más especial de tu vida.

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Via Francigena

Quizá no todos sepan que aunque Italia tenga mucha historia, en realidad es un país muy joven, cuyas fronteras son muy recientes. Desde siempre ha sido un lugar de luchas continuas para establecer el control sobre sus tierras. Un país tan fragmentado necesitaba recorridos que facilitasen las conexiones no sólo en términos políticos y militares, sino también para sus transacciones comerciales.

Vía Francigena en el pasado

Aunque con otro nombre, la Vía Francigena encuentra sus origines en el siglo VII, debido a las controversias entre los Longobardos y los Bizantinos. Fue entonces que se comprendió la necesidad de crear una ruta que uniese el Reino de Pavía en el norte, en manos de los Longobardos, con las tierras más al sur.

El recorrido llamado en origen “Via de Monte Bardone” porque pasaba por el monte Mons Langobardorum (hoy Cisa), seguía luego por el valle de Magra, dirigiéndose a la ciudad de Lucca. Después de cruzar el río Arno, proseguía por el valle de su afluente, el río Elsa, para llegar a Siena. Ahí los valles de Arbia y de Orcia a través de un recorrido sencillo permitían a los viandantes sumarse a la antigua Via Cassia que conducía finalmente a Roma.

Con el cambio de supremacía de los Longobardos a los Francos, también se modificó el nombre de la ruta que conocemos hoy como Vía Francigena o sea “Camino perteneciente a los franceses” o “Camino que parte de la Francia” territorio que incluía la actual Francia, el valle del Reno y los Países Bajos. Fue propio con Carlomagno cuando la Vía Francigena empezó a recibir un tráfico mayor y regular entre norte y sur de Europa.

Gracias a la administración carolingia se mejoraron mucho sus condiciones que permitieron transitar a un número ingente de personas entre las cuales hombres de comercio y peregrinos.

La práctica de las peregrinaciones se hacía cada vez más popular y los destinos religiosos preferidos eran, además de Jerusalén, Santiago de Compostela y Roma.
Sin embargo, para que la Vía Francigena se volviese tan conocida, hizo falta esperar un poco más. Precisamente hasta el 990 cuando el mismo abad Sigerico apodado el “Serio”, fue ordenado por el Papa Juan XV Arzobispo de Canterbury.

Desde esta ciudad inglesa el Arzobispo recorrió toda la Vía Francigena hasta volver a Roma para recibir el “Palium”. En su manuscrito, hoy conservado en el British Museum de Londres, apuntó detalladamente su camino de regreso a Canterbury y las 80 casas en las que pudo pernoctar.

De hecho, son muchos los que consideran que su obra es la más acreditada del itinerario de la Vía Francigena. Hoy en día, la mayoría quiere hacer la ruta de Canterbury a Roma (o, más bien, sólo una parte de esa ruta por falta de tiempo).

Hay que precisar que cuando hablamos de las rutas en aquella época, poco tenían que ver con las rutas modernas. De hecho, en muchos casos el trazado variaba según las condiciones medioambientales y a las estaciones.

Sin embargo, los muchos peregrinos que en aquella época lograron completar esta ruta, merecen todo nuestro respeto. No sólo por la larga distancia de la misma, sino también por las condiciones en que se encontraban. Sin equipaje ni vestimenta adecuada, cruzaron obstáculos imponentes como el paso que conecta actualmente Suiza e Italia, llamado El Puerto del Gran San Bernardo (con altitud de 2.473 m).
Durante el siglo XIII la Via Francigena, volviéndose cada vez más el punto de conexión estratégica para los productos provenientes del oriente, sufrió algunas modificaciones. Debido al crecimiento de su rol comercial, se sumaron otros trayectos alternativos, principalmente para incluir una conexión más directa entre Florencia y Bolonia con Roma.

De ahí nació el trayecto llamado “la vía regia de Roma” (Bolonia- Florencia- Siena- Roma), que empezó a ser considerado el recorrido principal hasta hoy en día.

Vía Francigena hoy

Esta ruta, que hoy pasa por Inglaterra, Francia, Suiza e Italia fue reconocida en 1994 por el Consejo de Europa como «Itinerario Cultural Europeo» y también es parte de los nueve «Grandes Itinerarios Culturales Europeos» desde 2004.

La distancia de la Vía Francigena llega a alcanzar 2040 km, debido a las modificaciones del recorrido original (desviado en las actuales vías del tren, autopista etc…).
Las etapas en las que se puede dividir la Vía Francigena son 86, y llevaría 3 meses llevarla a cabo.
Las etapas tienen una media de unos 20 kilómetros al día, y se puede recorrer en bici o caminando. El recorrido, que está señalizado principalmente gracias a voluntarios (no está tan bien indicado como el del Camino de Santiago). Se puede identificar con la imagen de un peregrino de color amarillo, cargado con un zurrón y dotado con un bastón. Todo en un fondo amarillo y blanco, colores del Papado o del Vaticano. Pero a veces, se pueden distinguir hasta cinco señaléticas distintas, así que hay que prestar atención.
Si a los peregrinos que van a Santiago se les expide la “Compostelana” como certificado de haber finalizado el Camino, en la Vía Francigena también se otorga una acreditación, que se llama “Testimonium” (requisito mínimo 100 km a pie o 200 km en bici, como en el Camino de Santiago).
A pesar de que muchos peregrinos hoy siguen siendo impulsados a empezar la Vía Francigena por los mismos motivos religiosos de los peregrinos del pasado, hoy en día las razones son muy variadas.
Cada uno es movido por sus motivaciones personales, pero sin duda cualquiera podrá disfrutar de los entornos naturales y los numerosos monumentos históricos que son conocidos en todo el mundo, y que son clasificados como Patrimonio de la Humanidad.

La Vía Francigena lleva en sí no sólo un pasado lleno de historia y cultura, sino también un presente hermoso por descubrir.

Todos nuestros tours incluyen alojamiento, traslado de equipaje entre etapa y etapa, credenciales, notas de ruta y asistencia 24 horas. Además, los itinerarios son totalmente flexibles en cuanto a fechas, duración y servicios incluidos. Tú solo tienes que seguir las señales y sentir el camino, ¡del resto nos encargamos nosotros!

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